La mansión Prieto recuperó poco a poco la tranquilidad. Adelaide subió directamente a la habitación. Cerró la puerta con suavidad y permaneció unos instantes inmóvil, apoyada contra la madera. Sentía el cuerpo pesado y la cabeza saturada por todo lo ocurrido durante el día. Caminó hasta el amplio vestidor, se quitó la ropa con movimientos lentos y entró al cuarto de baño. El agua caliente cayó sobre su piel durante varios minutos, llevándose el cansancio físico, pero no el peso que llevaba en e