Los días siguientes transcurrieron con una tranquilidad diferente en la mansión Prieto. No era la calma de un hogar donde todo estaba bien, ni la felicidad que Adelaide había imaginado cuando se casó con Marco. Era una sensación nueva, extraña y al mismo tiempo reconfortante. Era una paz que no dependía de él, de sus palabras, de sus gestos o de la atención que pudiera darle. Era una pequeña parte de ella que, después de mucho tiempo, comenzaba a regresar.
Durante años, Adelaide había puesto to