El sol de media mañana se derramaba a través de las amplias ventanas de vidrio del centro de bienestar, brillando sobre el pulido mostrador de recepción y mezclándose con el suave murmullo de los clientes que iban y venían entre las salas de terapia. El aroma a eucalipto flotaba en el aire. Todo en aquel lugar transmitía calma… demasiada calma para la tormenta que Kingsley trajo consigo al cruzar la puerta.
Entró con paso firme, vestido con un abrigo azul marino hecho a medida, atrayendo varias