Beth estaba en el dormitorio, las cortinas translúcidas proyectando una sombra pálida sobre el suelo de madera mientras permanecía junto a la alta ventana, con el teléfono pegado al oído. Había estado caminando de un lado a otro durante diez minutos, el corazón golpeándole con una rabia silenciosa y contenida, mientras su bata de seda susurraba con cada giro brusco.
La línea hizo clic y, finalmente, una voz respondió.
—¿Hola?
Ella no esperó.
—¿Qué averiguaste?
La mujer al otro lado aclaró la ga