El aire de la mañana estaba cargado con ese tipo de quietud que hacía que todo pareciera más ruidoso. El suave murmullo de la ciudad más allá de las ventanas del penthouse de Kingsley apenas llegaba a sus oídos mientras se encontraba frente al espejo, abotonando las mangas de una impecable camisa azul marino, un puño más lento que el otro. El reloj que llevaba puesto —uno viejo que Katherine le había regalado cuando los aniversarios todavía significaban algo— pesaba sobre su muñeca como una car