Su nombre cayó de sus labios como un recuerdo.
No fuerte. No autoritario. Solo… real.
Katherine se quedó congelada, todo su cuerpo tensándose en el instante en que lo escuchó. Su mano seguía ligeramente atrapada entre la de él, pero ya no lo estaba mirando a él; miraba a través de él, como si intentara averiguar si aquello era alguna cruel ilusión de su mente agotada. Como si, si lo observaba fijamente el tiempo suficiente, él fuera a desvanecerse y convertirse en otra persona.
Pero no lo hizo.