Hubo un silencio tan profundo que se tragó el resto del ruido en la habitación, al menos para los dos. La cafetería seguía llena de vida. La gente seguía hablando, bebiendo y haciendo pedidos, pero en ese espacio entre ellos, solo existían ellos dos. Y se sentía como si el pasado se hubiera resquebrajado, derramando todo su peso olvidado en la habitación.
Sus labios se separaron ligeramente, pero al principio no salió ninguna palabra. Sus cejas se fruncieron, no por confusión, sino por algo más