Devuelta a uno de los pasillos, donde sentía Teresa que era su lugar en lo que llegaba su marido. No pudo separarse del lugar donde sentía que necesitaba estar más que nunca.
Y siendo de esa manera, se quedó esperando mientras Julio y Emilia habían ido a algún a firmar ciertas autorizaciones para que procedieran con el pequeño. Fue en ese momento que alguien, levantando la voz llamó su atención.
—Ya te lo he dicho antes —dijo una voz femenina.
—No, no entiendo, ¿cómo que ya me lo has dicho ante