Mientras conducía, Gino trataba de recuperar el control, siempre que iba a visitar a los hechiceros, terminaba de mal humor y con dolor de cabeza, y por supuesto, ese día no había sido la excepción.
“Tendremos que aprender a vivir con dolor de cabeza” –gruñó Giotto
Ante las palabras de su lobo, Gino apretó con fuerza el volante e inhaló profundamente.
Tras mantener el aire un momento, Gino exhaló, tenía razón, Giotto tenía razón. Gael había dicho que sabía que él y Anna se llevarían bien, y par