Ante la negativa de Basil, el corazón de Anna dio un vuelco.
Ella estaba convencida de que, dadas las circunstancias, el alfa Basil la apoyaría, además, un cambio de manada era algo que en lo que el propio Leo había estado pensando.
Sintiéndose molesta por la respuesta de Basil, Anna se puso de pie y clavó sus ojos en los del alfa, quien, sin temor alguno, le sostuvo la mirada.
―Pero alfa, ¡usted no puede…! ―
“Así no” ―gruñó Amara para interrumpirla
Dándose cuenta de que se había dejado llevar