Capítulo 30: A la mañana siguiente.
―Maldita sea ―gruñó Anna apoyándose en un árbol para recuperar el aliento
―Señorita Anna, concéntrese por favor ―le pidió Alina, quien se apresuró a acomodarle el cabello con amabilidad cuando la joven se recargó contra el árbol ―Si el mayor nos atrapa, nos hará correr una vuelta más ―
Sabía que su Luna no estaba bien, pero ella se había aferrado a participar en los entrenamientos, por lo que no le quedaba más remedio que intentar mantenerla centrada.
Sin decir nada, Anna asintió e intentó unir