-16-

Acabó de abrocharse el cordón de la zapatilla cuando oyó que entraban a la habitación.

Un golpecito suave le hizo alzar la cabeza viendo a la mujer allí plantada en el umbral de la puerta.

-Hola Ray- saludó ella.

Ray, sin darse cuenta, pudo distinguir un aroma proceder de la mujer.

Olía como a acidez y amargor.

-Hola señora- saludó él enderezandose.

Ésta se adentró en la habitación, con los brazos cruzados y mirándole fijamente.

Plantandose ante él, tragó saliva y preguntó:

-¿Es cierto que...tr
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