Acabó de abrocharse el cordón de la zapatilla cuando oyó que entraban a la habitación.
Un golpecito suave le hizo alzar la cabeza viendo a la mujer allí plantada en el umbral de la puerta.
-Hola Ray- saludó ella.
Ray, sin darse cuenta, pudo distinguir un aroma proceder de la mujer.
Olía como a acidez y amargor.
-Hola señora- saludó él enderezandose.
Ésta se adentró en la habitación, con los brazos cruzados y mirándole fijamente.
Plantandose ante él, tragó saliva y preguntó:
-¿Es cierto que...tr