El problema con darle un poco de poder a alguien resentido, era que terminaba disfrutándolo demasiado.
Y yo estaba empezando a disfrutarlo.
—¿Cómo que ya no habrá flores frescas esta semana? —la voz aguda de Kassidy resonó por toda la cocina apenas crucé la puerta aquella mañana.
Las cocineras fingieron no escucharla y yo también.
Seguí revisando una lista de suministros mientras avanzaba tranquilamente entre las mesas. El olor a pan recién horneado normalmente me habría abierto el apetito, pero