Estaba caminando demasiado rápido, casi huyendo, con el corazón aún desbocado por lo ocurrido con Graham, cuando choqué contra alguien. El impacto me hizo tambalear y por un segundo creí que iba a caer, pero logré sostenerme a tiempo.
Cuando levanté la mirada y reconocí a la persona frente a mí, el aire salió de mis pulmones.
—Eres tú, Shyla. —Me llevé las manos al pecho.
—Te ves como si hubieras visto un fantasma —me observó con demasiada atención—. ¿Qué te pasó?
—Nada —respondí de inmediato,