El aire frío de la tarde envolvía a Marcus y Saddam mientras se encontraban en un pequeño café al borde de la carretera, lejos del desastre que sus queridísimas chicas hicieron dentro del estudio de televisión. La conversación entre ellos era tensa, y sus miradas permanecían enfocadas en los dispositivos que marcaban las diferentes ubicaciones de Dimitri.
—Mira esto —dijo Saddam, señalando la pantalla de su teléfono—. Hassam me acaba de enviar un mensaje. Ha habido movimientos extraños en un pu