El club estaba lleno de música y luces que parpadeaban. La gente bailaba y reía, ajena al peligro que los acechaba, bueno, no a ellos. En la esquina más oscura, donde las miradas se perdían en la oscuridad, Saddam y Coraline observaban a su presa. Alonso, el hombre que había adquirido las drogas para sedar a Astoria.
Coraline lo observaba con una mirada fría, mientras que Saddam se sostenía en la barra con su característico aire de superioridad. Sabían que Alonso era la clave para llegar a Dimi