Astoria y Marcus continuaron caminando en silencio tras el incidente. El corazón de Astoria latía con fuerza, pero esta vez, era por una puñalada de tristeza. El niño que había salvado tenía la misma edad que su hijo tendría si no lo hubiera perdido.
La pérdida de ese niño siempre era una herida abierta, y en ese momento, la herida ardía con más fuerza que nunca.
—Astoria, ¿estás bien? —preguntó Marcus, su voz estaba llena de preocupación al notar el cambio en su expresión.
Astoria se detuvo, a