Me tocó bañarme con agua fría. Bueno, helada, porque esa era la palabra correcta para el agua que salía en Bogotá. Me puse una sudadera para dormir un poco. Si era que podía hacerlo con todo lo vivido y sabiendo que la tenía a unos pasos de aquí.
Volví a sonreír, su acto infantil me jodió por completo. ¡Carajo, qué frustración! Necesitaba beber mucha agua. Salí de la habitación y al llegar a la cocina, Blanca estaba comiendo un pedazo de postre.
—¿No puedes dormir? —El grito por el susto dejó c