David cumplió con enviar el jet y el miércoles ya íbamos viajando, de hecho, nos encontrábamos a mitad de trayectoria rumbo a Grecia. Mis padres se quedaron con mis hijos y con un grupo de guardaespaldas designados por Jaime, el mismo que viajaba con nosotros por petición de David, él y otro joven que se llama Ricardo.
Su segundo no dejaba de mirar a Natalia, y la joven parecía ser muy tímida, porque se ponía nerviosa con ese guardaespaldas. Quien nos sacaba lágrimas de la risa era Ana Karina.