—¡No!, no, aún no. —estaba roja.
Tomó mi vaso con agua y se lo bebió completo, luego tomó el de Jaime quien la miró y al verme a mí el cual estaba a nada de soltar la carcajada solo afirmó. Blanca trataba de calmar sus nervios. Los meseros venían con nuestro pedido, me acerqué a su oído.
—Eres más conversadora por teléfono.
—No me avergüences más.
Sus preciosos ojos cafés brillaban y suplicaban, volví a sonreír. Deacon tenía razón, mi Brisa seguía siendo la misma mujer que conocí en la universi