Había pensado mientras llegaba a verlo en cómo podía abordar mi situación. No sé si fue obra divina que no encontrara vuelo hasta la noche. Me quedé todo el tiempo en el aeropuerto, sentada en la sala de espera y cambiando de nalga de un lado al otro cuando se me dormía. De la incredibilidad pasé a ira, luego a la decepción al sentir que no confió en mí, ¡soy su esposa!
Con el paso de las horas y mientras lloraba por el miedo que tengo y al mismo tiempo aferrándome a la esperanza de poder hacer