Vi partir a David y lo que me dijo, no le iba a dar mente, no ahora. Ingresé a la habitación, el doctor ya no se encontraba. Deacon permanecía inclinado; ni acostado, ni sentado sobre esa cama. Nuestras miradas se entrelazaron… David dijo que no llorara, que fuera fuerte, pero una cosa era decirlo otra hacerlo, el labio me tembló y comencé a balbucear.
—Amor…
—Deaacooon…
Y como si fuera una niña corrí a su lado, me subí a la cama para aferrarme a su cuerpo, sus brazos me envolvieron, comenzó a