Cuando Damon se arrodilló y confesó que Samira había escapado, la reacción de Alister fue explosiva. Salió en busca de la humana de manera desesperada, pero no logró encontrarla. Finalmente, regresó a la casa con la frustración a flor de piel.
Con los ojos encendidos de furia, lanzó un rugido que resonó por toda la habitación.
—¡¿Cómo demonios pudiste dejar que escapara, Damon?! —bramó Alistair, con la voz ronca por la rabia—. ¡¿Cómo pasó esto otra vez?! ¡Te di una oportunidad y me volviste a f