Samira soltó una risa suave antes de despedirse y salir nuevamente al encuentro de Alister.
Cuando llegó hasta él, lo encontró poniéndose de pie y sacudiéndose el polvo de los pantalones. La luz del atardecer delineaba su figura con tonos cálidos, resaltando la intensidad de su mirada cuando levantó los ojos hacia ella.
—Es un lugar muy tranquilo —comentó Alister, observando a su alrededor con una expresión de sincero aprecio—. Y muy hermoso. Los paisajes son realmente impresionantes.
Samira so