Después de unos minutos de incómodo silencio -aunque se podía escuchar claramente el llanto de Evangeline-, Yimar llegó a la habitación de su hija. Estaba confundido, ya que una sirvienta había ido a buscarlo, diciéndole que el Alfa quería verlo urgentemente y que se encontraba en el cuarto de su hija.
Al llegar, se encontró con una escena tensa y caótica, en la que Evangeline estaba llorando desconsoladamente, temblando y visiblemente angustiada.
—Alfa, ¿me ha mandado llamar? —cuestionó Yimar