Esa mañana fue un ligero caos. Aunque Alexis trató de persuadirme, no había ninguna señal de la identidad de la persona que me estaba amenazando. Adicionalmente, mi teléfono no paraba de recibir correos de manera abrumadora, lo cual generaba mucha inquietud. Los mensajes ya no eran simples amenazas, sino que su propósito iba más allá.
Aunque Alexander me suplicó que me quedara, me negué rotundamente. Le comuniqué que en caso de que no me acompañara al aeropuerto, me encargaría de ir por mi cuent