Días después.
Isabella continuaba con sus terapias y cada vez se sentía mejor, decidió empezar a trabajar en la empresa de sus padres, y le confesó a Diana que tenía temor de no dar la talla.
—Nadie nace sabiendo —consoló la señora Vidal observándola con ternura—, yo estaré a tu lado, no temas equivocarte de los errores se aprende.
Isa inspiró profundo y le dedicó una sincera sonrisa a su madre.
—Tienes razón —expuso. —¿Por dónde empiezo? —indagó.
—Te voy a llevar al área de proveeduría, p