El deseo de acabar con el mundo, se intensifica en mi pecho. Por eso, grito con fuerzas anunciando que no solo el mundo humano sufrirá, si no, cada maldito mundo que existe. Pero, ni siquiera ese grito calma mi dolor.
Deseando que pueda escucharme, acerco su rostro a mi corazón para que sienta como late mi corazón tan rápido por la angustia que siento porque ella no despierta. Así que, con mi voz quebradiza y la lluvia impidiendo que pueda ver a mi alrededor, le hablo:
— No soy un villano, El