Mientras analizo todos mis fracasos, el deseo de golpearme aumenta, pero, todo ello queda en el olvido cuando comienzo a percibir el aroma de la sangre de Elise. Por eso, me levanto de la silla y corro hacia la puerta que al poco tiempo se abre con alguien con ropa extraña.
— Señor Perasi…
— ¡¿Cómo está mi esposa?! — pregunto desesperado mientras confirmo que el olor a la sangre de mi esposa está en su ropa.
— El bebé…
— Dígame que está bien, necesito al menos tener esa buena noticia para m