Alguien me mueve y no sé a dónde ni porque no soy capaz de abrir los ojos. Por eso, me quejo para que noten que estoy consciente aunque no puedo siquiera pedirles a mis ojos que se abran.
Pero, tal parece que Reymond, quien es el hombre que me carga, le importa poco si me quejo o no, porque como si no me escuchará, me coloca sobre la cama, donde afortunadamente después de varios intentos, logro abrir los ojos, encontrándome con Reymond frente a mí.
— ¿Tan rápido estás despierta, esposa? — p