Mi mente parece hacer corto circuito por la nueva información que no creí que me darían, pero, tal parece que es verdad. Por eso, miro hacia mi padre y me acerco a él intentando comprender que es lo que sucede.
Es entonces cuando me doy cuenta de que mi rostro es el mismo de cuando era la diosa Kwabe. Así que, llevo mis manos a mi rostro, intentando sentir con mi tacto los pequeños lunares en mi rostro o la forma de mis labios.
— Padre… ¿Por qué mi rostro está así?
— Te lo dije, hija, ya no