POV DE ISABELA
El techo blanco del hospital parecía cerrarse sobre mí, una losa de concreto que amenazaba con aplastar lo poco que quedaba de mi voluntad. El pitido rítmico del monitor fetal era el único sonido que me anclaba a la realidad, recordándome que, a pesar del empujón de Renata y el veneno de Javier, el pequeño corazón dentro de mí seguía luchando. Mis manos, aún temblorosas, descansaban sobre la sábana áspera, y podía sentir el frío del antiséptico calando en mis poros.
—Tienes que d