Guadalupe miró a Noah. "¿Crees que soy tonta?".
"Déjame revisar".
Dicho esto, se acercó a ella.
Guadalupe se inclinó inconscientemente hacia atrás. No sintió dolor en la cabeza, lo que era distinto de lo que esperaba. Noah le sujetó la nuca. Ella tocó la palma de su mano, que era muy suave.
Al acercarse, los ojos marrones de Noah perdieron su indiferencia y su sonrisa habituales. Cuando la miró fijamente, sus ojos estaban llenos de amor.
Justo cuando Guadalupe estaba a punto de apartarlo, Noah