"¿Estás sorprendido?".
Noah alzó las cejas y le mostró a Guadalupe la leche caliente. "No me dejarás beber contigo en medio de la noche y tampoco me dejarás prepararte café por la mañana. Tal vez podamos tomar un refrigerio a medianoche".
Guadalupe ya tenía hambre y, tan pronto como bajó la cabeza, olió el aroma de la leche. Quería negarse, pero su estómago gruñó y la traicionó.
El sonido respondió por ella. Era la primera vez que Guadalupe se sentía tan avergonzada. "Gracias", dijo.
Si seguía