El timbre de casa sonó y todos subieron que no era pablo ni nadie de la familia porque era muy bien conocido que siempre tenían la puerta abierta. Franco soltó la mano de Elise y fue a abrir. Vio a un hombre vestido de traje, impresionantemente alto e impecablemente vestido.
—Buenas tardes, mi papá no se encuentra y no hace negocios desde casa.
—Buenas tardes, estoy buscando a Lucrecia Cheng.
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