Alonso puso a su novia en el suelo y le dio un beso en los labios, la acercó a él y le mostró el sótano como lo había decorado el lugar con unas cuantas rosas y velas, un colchón y unos apetitivos y unas cuantas velas.
—¿Quieres que las encienda?
—¿Tú hiciste esto o Serena?
—Yo, Lucrecia —Aclaró con un falso tono de ofensa y los dos rieron.