Lucrecia y Priscila fueron a cenar con el señor Cheng, los dos estaban conversando como si se conocieran de toda la vida y Lucrecia les veía en silencio.
—Mamá estos días me voy a quedar en casa del abuelo.
—Ok, Emma está emocionada de recibirte cuando gustes o si papá tiene que salir corriendo.
—Nosotros nos las arreglaremos—replicó Priscila.
Lucrecia no dijo n