— ¡Vaya! Creo que no volveré a ver a Ignatius de la misma manera— le contesté pensativa.
—Espera… De todo lo que te conté ¿solo retuviste eso? — me preguntó con el ceño fruncido.
—Claro, siempre lo creí un engreído, pero él es así por tú culpa, Máximo— le dije riéndome, lo que provocó la risa en él también. Se acercó a mí y comenzó a hacerme cosquillas. Me estaba quedando sin aire de tanto que me reía y le pedí que, por favor, se detuviera. Máximo lo hizo y quedó encima de mí. Lo miré y acarici