Al día siguiente, desperté por los gritos de Milly. Estaba alterada y demasiado enojada.
—Ivanna, ahora sí que te volviste loca, cómo se te ocurre darnos dinero, es tú dinero hija ¡Por dios!
—Milly, tranquilízate, es solo dinero y no quiero que trabajen más acá.
— ¿Qué? ¿Quieres que nos vayamos?
— ¡No! Cómo se te ocurre, los considero mis padres, quiero que descansen, que viajen, que vivan su vida, que disfruten su vejez. Por eso necesito que te encargues junto a Henry, de contratar personal nu