A la mañana siguiente, desayunamos todos juntos como cada día. Adoraba a mi nueva familia. Hace dos meses solo era yo. Ahora tenía a dos personas a mi lado que me querían como a una hija y tenía a un hombre que cuidaba de mí y velaba mis sueños cada noche. Arthur se despidió de mí con mucho amor, besándome tiernamente y deseándome un buen regreso a clases.
—Que tengas un excelente día, Arthur.
—No estés nerviosa, cariño. Eres una mujer inteligente, capaz de cualquier cosa. Serás la mejor de la