Giovani y yo nos despertamos al día siguiente un poco tarde, enseguida me levanté de la cama pensando en mi hija pues ella no estaba acostumbrada de que yo no estuviera por las mañanas al menos que tuviera algún viaje que hacer. Entré en la ducha algo nerviosa, pero las manos de Giovani eran como si fueran los tentáculos de un pulpo, me giró el cuerpo poniendome enfrente de él, nos besamos, nos acariciamos, girandome otra vez de golpe poniendome entonces de espaldas. Acaricio mis pechos, dando