Antonello se cogió unos días en la empresa para estar con Paula y así Giovani y yo podíamos ir a Italia para ver a nuestro hijo. Cuando llegamos a la casa de la madre de Antonello, nos recibió la mujer como si fuéramos sus hijos, nos abrazó, nos besó como lo hacen los italianos con mucha euforia. Cuando vi a mi hijo, pedí permiso para cogerlo llorando, era igual que Giovani, eran los dos, como dos gotas de agua aunque la pobre criatura se quedó mirándome como lo que yo era para él, una completa