Tal como si Dios escuchara a mi corazón, alguien tocó a mi puerta, mi vecino, mi guapísimo pero gay vecino, estaba parado en la puerta, traía una pizza y vino.
- ¿Puedo pasar? – Dijo Julián con voz galante.
Aunque debo reconocer que es guapísimo y al principio babeaba por él, ya que perfectamente pasaba por un chico completamente heterosexual. Sabía que su petición de pasar no era más que una ocasión en la que no quería comer solo.
- ¡Claro! Oye, pero no puedo beber vino… Aunque cada que traía v