Luego de un largo baño, nuevamente ayudé a Ana a secar su cuerpo y su larga cabellera, ella fácilmente se hizo una coleta y buscó su ropa, al ver aquello, le dije:
- Ven, tu ropa la mandé a la tintorería, pero te he comprado más…
- ¿Cómo? – Respondió ella con sorpresa.
- Sí, espero que Mateo haya atinado a tu talla.
Tomé su mano y la llevé a mi vestidor, donde varias bolsas con lencería le aguardaban.
- Estas las seleccioné yo, así que escoge lo que necesites para completar el atuendo de hoy, la