Mi hija no hacía otra cosa que darme besos y acariciar mi mejilla con sus manitas mientras me decía cuánto me quería y que me había echado mucho de menos. Estabamos tomandonos unos refrescos que nada nos sirvió, cuando salieron del despacho Mario y aquel hombre mayor muy serios y se acercaron a donde estabamos todos, entonces Duncan se levantó de su sillon,, puso su mano en mi hombro y dándome un beso en la mejilla se despidió de todos marchando de la casa.
—- Janine hija, si necesitas cualquie