Duncan se marchó, haciendo nosotros lo mismo hacia la habitación donde estaba mi hija, entramos viéndola jugando con una muñeca estando una de las enfermeras que la atendían a su lado.
Mario se sentó en el sillón, cogió mi mano sentandome encima de él.
—- Oye, la niña está jugando —- le dije.
—- Shh, quítate las bragas, me abro la cremallera y nadie se dará cuenta —- me susurro riendo.
—- Anda tonto, ¿que dices?¿no puedes esperar a la noche? —- susurre.
—- Mamá, ¿qué os pasa? estáis riendo pap