Sin saber para qué, hice lo que ese hombre me dijo, entré en aquel baño, con cuidado me duche rápido, y me vestí sin secar mi cuerpo, aunque la toalla que había parecía limpia, no quise tocarla. Una vez que ya estaba vestida me senté en aquella cama esperando a lo que después me esperaría fuera de aquel cuarto. La puerta de aquel cuarto se abrió de pronto, viendo entrar al hombre que me dio el vestido, me levanté de la cama, viendo en sus manos una cinta roja que me era muy conocida. Me vendo l