De los tres hombres que estaban sentados, solo uno se levantó, se acercó a mí, me cogió del brazo tirándome como si fuera un saco de patatas al sofá, acercando su cara a la mía.
— No nos habeis dicho que era tan guapa — dijo aquel hombre.
— Pero está a punto de dar a luz, dejala tranquila — gritó Duncan.
—- Tranquilo, si se pone de parto, sabemos como ayudarla a tener a su bastardo, ahora tu ya has cumplido tu parte, si quieres participar bienvenido, si no quieres cállate y apártate de nosotros