—¿Acaso tengo que encontrarte hasta en las cagadas, joder? —dije, pues no iba a montarle un espectáculo frente a la mujer bonita que iba de su brazo.
—Maldita sea, otra vez no —murmuró.
—¿No sabes entender la palabra no, amigo? —me levanté de la silla, para quedar frente a él y a la chica de ojos marrones.
—¿Cuantas jodidas veces tengo que decirte que no me interesas ni en lo más mínimo, mujer? Además, viéndote bien, no es que seas muy bonita que digamos —me siguió el hilo, avivando con mayor i