A Daniela, Julio le resultaba desconocido. Dos años fuera de su país, y se sentía como si se hubiera ido durante una década. Apenas podía reconocer al hombre que tenía delante.
—Le diré que te pida disculpas en persona y que te prometa que no volverá a hacerlo—le ofreció desesperada al darse cuenta de que a Julio no se le pasaría. Aun así, él se negó a aceptar la sugerencia y dijo: —No debería disculparse conmigo.
La expresión de ella se congeló de incredulidad.
—¿Me estás diciendo que debe di